lunes, octubre 23

Oviedo nacional católico

Oviedo, capital de Asturias, es una ciudad en la que tienen lugar algunas celebraciones especiales. Tan especiales como el propio lugar, en donde plácidamente vive un señorío de quiero y no puedo. Clarín ya comenzaba La Regenta con aquello de "La ciudad dormía la siesta...". Y Oviedo sigue siendo el mejor lugar de Asturias para dormir la siesta, qué duda cabe.
En Octubre llega el otoño a esta ciudad hermosa pero que cada día se va pareciendo más a una pequeña Viena de plástico, tranquila hasta la extenuación, es decir, aburrida; y los restaurantes de la ciudad se llenan de gente que acude a celebrar lo que se conoce como "El Desarme": un contundente menú consistente en garbanzos con bacalao, callos y arroz con leche de postre. Una bomba de gastronómica que conmemora la supuesta derrota de las tropas carlistas en una de aquellas guerras civiles que vivió nuestro país en el siglo XIX. Para que no se me trate de parcial diré que también hay otras versiones antifrancesas para justificar la pitanza, pero igual de indocumentadas.
Coincidiendo más o menos con esta celebración, un grupo de habitantes de la durmiente urbe, conmemora este año el 70 aniversario de la adhesión de su guarnición militar al Golpe de Estado dado por Franco contra la Democracia republicana.
Todos los años, sistemáticamente, este pequeño grupo de gentes de orden, ajadas ya por el tiempo y las volutas del ardiente incienso, la Hermandad de Defensores de Oviedo, se agrupa en torno al mesías de turno en una coferencia en la que recuerdan la necesidad de traicionar el régimen de libertades que existía en España. Luego comen y dan unos dineros a los pobres de la ciudad siguiendo la vieja tradición limosnera hispánica. Este año han contado con la participación del párroco de San Nicolás de Bari, Ángel Garrlada, experimentado animador en este tipo de eventos que arengó a los asistentes a su "ponenecia" con perlas poco cultivadas encontradas con la "Alianza de Civilizaciones"; que recordó que el Frente Popular vuelve a gobernar unido a los separatistas; y que la familia perece bajo la insoportable losa de los matrimonios homosexuales, que impedirán a los niños ser educados con amor, como Dios manda. El Sr. Garralda recordó a los sacerdotes y gentes religiosas asesinados por "los rojos", y se quejó del olvido en el que ha caído su sacrificio, cerrando los ojos, sin embargo, a los años en lo que no se podía recordar otra cosa que aquellos caídos por dios y por la patria, mientras en las cunetas del país se pudrían los huesos de tanto infeliz, masacrado en plena guerra o también, en miles de casos, en el cacareado período de paz y reconstrucción nacional. España fue una inmensa fosa.
Ángel Garralda se quejó de muchas cosas que anidan en el corazón de esta sociedad democrática que tan poco le gusta; las cosas han llegado hasta el extremo de que el párroco de su pueblo es negro a causa de la falta de vocaciones. No quiero decir que el hombre se haya puesto de ese color ante el desastre demográfico sacerdotal, sino que han tenido que importar a un negro zumbón para llevarlo a dar misas al corazón de la limpia y católica Navarra ¡A dónde iremos a parar!
El cura de San Nicolás de Bari, parroquia sita en Avilés, es el exponente de lo que un día fue y no volverá a ser (eso espero al menos) lo que hoy llamamos la España del nacional catolicismo; aquél invento de la dictadura en la que se mezcló la dirección política de la sociedad con la moralina religiosa de la confesión católica: Una genuina dictadura concebida a la española.

El Oviedo más rancio celebra estos días su alianza con la muerte. Cercada la ciudad desde que parte del ejército se alzara en armas en Julio de 1936, ésta resistió hasta que en Octubre las columnas gallegas rompieron el frente republicano. Eso es lo que este pastor de la religión del amor predica estos días, y resulta verdaderamente interesante sentir el escalofrío que produce poder leer este testimonio viviente de la ignominia.
Afortunadamente el tiempo, igual que sucedió con Roma, no paga a traidores.

Monumento al Coronel Teijeiro y a los soldados de la Columna Gallega, que auxiliaron en Octubre de 1937 a las tropas sublevadas contra el Gobierno de la República Española. Todavía hoy puede verse en esta ciudad de Oviedo, donde conviven otros testimonios de homenaje a la Dictadura con la estimable anuencia y colaboración del Ayuntamiento.

5 comentarios:

Al dijo...

Una percepcion tan simplista como injusta sobre Oviedo y su significado como capital de Asturias y la dualidad conservador/progresista de Oviedo/Gijon. Un tanto excesivo eso de "...placidamente vive un señorio de quiero y no puedo" que contradicen miles de ciudadanos que viven y trabajan ajenos a estereotipos. Igualmente la referencia a la estetica trasnochada que se cita como "se va pareciendo mas una pequeña Viena de plastico, tranquila a la extenuación, aburrida..." con la que muchos vecinos son criticos en los excesos pero agradecen la preocupación por la mejora del entorno urbano y la limpieza, tambien en los barrios mas modestos, y son conscientes de la profusion de actividades culturales originalmente arraigadas a una clase social pero que han devenido en ampliamente populares.
Imposible mantener esa dualidad como no sea en terminos exclusivamente demagogicos, para eso tenemos multiples ejemplos actuales de miles de ciudadanos que tienen oposición clara a una derecha ignorante y, aún, clerical, identica en ambas ciudades, y en toda España, en la calle Uria y en Somió, en el club de tenis y en Castiello. Por si olvidamos, ahi está el ejemplo universitario de Leopoldo Alas hijo, rector asesinado en el 37, o Juan Pablo Garcia, abogado de origen obreristas,grado 33 del Gran Oriente en el exilio mexicano .

Ricardo Fernández dijo...

Lamento mucho que no le guste mi opinión sobre Oviedo, pero es eso, mi opinión, tan válida como la suya. Llevo aquí viviendo 7 años y, lo siento mucho, de lo único que tengo gana es de salir corriendo y no volver a ver más a tanto estereotipo viviente: No estoy diciendo que todo sea estereotipo. Lo que digo es que aquí vive un señorío de quiero y no puedo. Y no ignoro que viven más personas, aunque a mí lo que me horroriza es ese señorío envarado que se pasea por Uría y también por la Tenderina.

No estoy diciendo nada de la dualidad conservadora/progresista Oviedo/Gijón. Yo creo que no citaba Gijón para nada. Pero ya le digo, no voy a hacer comparaciones carbayonas o gijonesas: Eso está ya muy desfasado y es bastante anti asturiano.

Lo de la profusión de actividades culturales sí que no sé lo que es. Eso solo puede decirlo Caunedo, al que se le nota que no sale mucho de esta ciudad: Cualquiera que viaje un poco se dará cuenta de que lo de la "profusión cultural" ovetense es un timo, eso sí, de gestión privada y comprometida a muy largos plazos. Y sí, la ciudad es mortalmente aburrida: No hay nada como un domingo ovetense...

Nada tengo que decir de Leopoldo Alas, ni de Juan Pablo García, faltaría más... Sólo sé que hubo un Oviedo diferente, que no es este de cartón piedra en el que vivo, y que esta ciudad necesita cambiar, pero que lo tiene muy crudo porque cada vez depende menos del partido que gobierne: Aquí ya no hay obreros que tengan conciencia de tal.

¡Qué le vamos a hacer! A unos les gusta Oviedo. A mí cada día me gusta menos en lo que esto se ha convertido esta hermosa ciudad. Sobre gustos, ya se sabe, no hay nada escrito.

En todo caso le agradezco mucho su participación que, desde la discrepancia, valoro. Un saludo.

Al dijo...

Yo tambien soy contrario al localismo al uso, que es una muestra de provincianismo. He creido entender que la critica a Oviedo como "señorio de quiero y no puedo" lo hacias como oposición a Gijón, sino es asi lo retiro.
Oviedo, al margen lo que diga el necio de Iglesias Caunedo (nunca un peor teniente de alcalde, su articulo, por llamarlo algo, de hoy en LNE le retrata) tiene tradicionalmente una buena programacion de musica clasica y de actividades culturales, ligadas a la Universidad, a la Sociedad Filarmonica o Amigos de la Opera, incluso al propio ayuntamiento, tal vez se echa de menos un poco de variedad. De otra manera, he vivido buena parte de mi vida en Oviedo y es una ciudad acogedora y siempre ha tenido mucho ambiente, está lleno de personajes singulares y esos "señoritos envarados" han quedado para otra epoca, afortunadamente, lo que queda hace juego con la desafortunada decoración de farolas y jardineras, con las que tampoco estoy de acuerdo.
Por lo demás, te felicito por tu pagina y por su contenido, con el que tengo buena sintonia.

Ricardo Fernández dijo...

He leído tu último comentario: No, no criticaba a Oviedo en contraposición a Gijón. De hecho hay mucho que decir de la ciudad en la que he nacido y de todas las ciudades del mundo: Recogen las virtudes y los defectos de quienes las habitamos.
Oviedo es una ciudad preciosa. La vivo como un lugar hermoso pero al que le falta algo. Lo cierto es que en la nota en cuestión sólo buscaba crearle el marco a Ángel Garralda y a la Hermandad de Defensores. Cierto es que la mayoría de los ovetenses no tiene ninguna culpa de estas cosas.
Y en lo que toca a la política cultural creo que sí, que a Oviedo le falta variedad en la oferta que realiza: Tiene muchas más posibilidades que las que acaban manifestándose, al menos a nivel municipal; a este nivel encuentro que la gestión es bastante mala por no decir nefasta.
Gracias, muchas gracias, por tu felicitación. Recibe un saludo cordial de un amigo que te has encontrado en el hiperespacio.

Anónimo dijo...

muy buena crónica!!!
Entre la foto del Sr. Garralda y el comentario dan ganas de ir a verlo, por si acaso es una momia andante...

Por lo menos no todo el clero anda así de "escocido" democráticamente.

Lo lamentable que aún sucedan cosas de estas, en las que los involucionados siguen ansiando el pleistoceno, la lámpara de carburo y los privilegios sociales...