domingo, octubre 29

El poder de la educación

Conozco a muchas personas que sostienen que la educación tiene un poder relativo sobre las personas. Recuerdo en mi época de estudiante en la Facultad una agria discusión sobre la educación religiosa y su oportunidad a tempranas edades. Me acuerdo de mi interlocutora, que negaba el papel condicionante de la educación religiosa: Siempre cabía la posibilidad de que el libre albedrío, el raciocinio, tamizaran toda la educación recibida. La verdad es que nunca lo he visto así.
Hoy me he encontrado con un reportaje en un medio de comunicación que recogía algunas fotografías que me impactaron. Imágenes tomadas en el entorno humano del Ku Klux Klan en las que se podía ver a niños vestidos con las capuchas blancas, y aprendiendo los contravalores del miedo, el odio y la segregación racial.
No tengo la mala intención de equiparar la libertad religiosa a un grupo destructivo, fanático y racista. Únicamente me viene a la mente otra vez aquel debate universitario; y sigo pensando que la educación, la mala educación, continúa siendo un elemento básico para anular la libertad individual a medida que la persona se desarrolla desde su niñez.
Quienes participan de la intolerancia; quienes se embeben en el fanatismo religioso, tienen una idea diáfana sobre cuál es el verdadero poder de la educación: inculcar, no pensar. Un trabajo que arroja excelentes resultados porque la bestia inmunda siempre está dispuesta a renacer.

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