domingo, octubre 1

75 aniversario del voto femenino

Un día 2 de Octubre de 1931 la República Española vestía con una de sus legendarias señas de identidad el sueño democrático que alumbraba nuestro país: Las mujeres podían votar. Dejaban de ser ciudadanas de segunda categoría; o mejor habría que decir que empezaban a ser tratadas como ciudadanas por primera vez en la historia.
El sueño, todos lo sabemos, fue muy corto. No llegó a nada esta carrera contra el atraso, el dogmatismo y la intolerancia que emprendieron nuestras abuelas frente a siglos de mortaja. Pero los puños levantados; las milicianas altivas; las heróicas trabajadoras del campo y de las fábricas; las madres llenas de ilusión primero, y de dolor después, que huían a los refugios o cruzaban llorando la frontera, o embarcaban en cualquier parte de España; todos esos gestos moldearon la memoria orgullosa de quienes defendieron nuestra primera Democracia.
Hoy, 75 años después, sólo nos queda recordar que todo esto de lo que hoy disfrutamos es posible gracias a aquel empeño; a aquellos actos de rebeldía que no enmarcaban otra cosa que una justa reclamación, una honesta conquista.
75 años después, desde este pequeño espacio, quiero recordar a las mujeres que en mi casa me enseñaron tantas cosas; a Benigna González Llaneza, mi bisabuela, que sufrió ese exilio interior al que tantos ciudadanos de este país fueron condenados; que soportó la tortura y el hambre mientras mi bisabuelo, Gil, iba de un "Campo de Trabajo" a otro, condenado por haber permanecido leal al Gobierno de la República. A mi abuela, Isolina, que aprendió siendo niña a conocer el terror con las tropas de Mohammed el Mizziam ocupando su casa, y a levantar el brazo al paso de los ejércitos traidores y entonar el saludo a Franco en las calles de Mieres o de Sama de Langreo, tras haber recibido un puntapié. Y a mi madre, Magdalena, que conservó el recuerdo de tanto miedo, conoció aquel mundo gris y cruzó entonces una frontera imposible.

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