domingo, septiembre 17

¡Animales!

Con frecuencia recurrimos a la expresión que encabeza el texto para describir una conducta bárbara, cruel... Hasta ese punto somos hipócritas y ciegos. Habría que decir ¡Hombres! o ¡Mujeres! Todo ello según fuera el caso y el autor de la fechoría.
La primera de las imágenes ha dado la vuelta a la Península Ibérica y manchado varios telediarios. Quien quiera ver la secuencia completa puede visitar www.youtube.com y buscar un video allí depositado. Basta poner "Juan Lado" y lo encontrará. Quizá, eso sí, dada la dureza de las imágenes tenga que inscribirse. Yo coloco aquí el enlace completo:
Juan Lado es un vecino de Aguiño, pueblo de A Coruña, en Galicia. El veterinario del lugar, con el que parece que sostiene alguna disputa legal desde hace tiempo le grabó maltratando a su perro, un pastor alemán que recibió como puede apreciarse una paliza tremenda.
La legislación española es extremadamente blanda ante el maltrato animal. Y además topa con el problema de las fiestas populares que salpican el suelo de España, con el toro como protagonista principal. Aquí, por ejemplo, ilustro la reflexión con una fotografía de lo que se conoce como "El toro de la Vega", en Tordesillas, y que consiste en soltar un toro, aturdirlo con la participación de casi todo el vecindario, llevarlo hacia las afueras de la ciudad, a orillas del Duero, y allí liquidarlo a lanzazos. Todo un asqueroso espectáculo, entre los muchos de este tipo, que no son castigados por la ley o bien cuenta con su amparo: Como siempre, el dogmático argumento de la sacrosanta "tradición" anula cualquier capacidad racional.
En Aguiño, A Coruña, la Galicia profunda ha mostrado otra vez su cara de calavera. Parece que "a longa noite de pedra" anidó en los corazones de tantos, que no acaba de dejar esa tierra castigada por la ignorancia y el olvido. Y es que lo peor no ha sido la soberana paliza que recibió el infeliz perro, sino el espectáculo lamentable de un zopenco entrando en el juzgado, arropado por los vítores y los aplausos de vecinos del pueblo. Mudo y sin boca me quedo cuando veo las imágenes.
Hace años, acompañé a un buen amigo a visitar la "Protectora de Animales" de Langreo. Entidad benéfica, que se sostiene con el escaso presupuesto que aporta el Ayuntamiento de aquella ciudad, y que da un servicio público que no se le acaba de reconocer. Recuerdo, y no se me borrará de la cabeza mientras viva, a Pluto: un perro pequeño, tembloroso, que no hacía más que llorar para que le dieran una caricia. Salí de allí con el corazón encogido. No puedo olvidar ni a la perra a la que le habían pegado un tiro de escopeta en la cara, pero que había sobrevivido; ni al que le habían atado un alambre al cuello...
Este amigo, que a veces me pregunta qué hacemos los masones por este mundo, supongo que se sorprenderá al ver y leer este texto en el blog. Nunca ha sido mi intención construir un espacio al margen de la realidad social. Y el resto de animales aparte de nosotros, y el entorno todo en el que vivimos, son también parte de esa realidad social: Pero las cosas no se hacen solas. Al igual que en la "Protectora", que no perrera, se necesitan más manos y una alcaldía con cuatro luces, a nosotros los masones nos hacen falta también más puños para alzarlos frente a un mundo en el que el desaguisado es cada vez mayor.
Está claro que si los seres humanos somos capaces de construir sistemas discriminatorios; si somos capaces de matarnos; de impedir la expresión de nuestra voz; el ejercicio de derechos... Entonces somos capaces de cualquier cosa. Nada debería sorprendernos. Cualquier imagen debería dejarnos indiferentes, muertos.
Pero quiero estar vivo. Y tengo la convicción de que conservar la capacidad de asombro a pesar del paso del tiempo; y la capacidad de horrorizarme a pesar del paso del tiempo, me ayuda a sentirme vivo y saber que puedo hacer algo.
Recuerdo las charlas en el Café Dindurra con el mayor Amante de la Luz que conozco. Creo que con él he aprendido a ser un poco pesimista respecto a todo cuanto rodea a la obra de los seres humanos y su naturaleza. Pero a veces pienso que esas dos capacidades, la de horror y la de asombro, me permiten estar vivo. Estoy seguro de que eso le sucede a él; le sucedió cuando leyó "Nuestro hogar es Auschwitz", de Tadeusz Borowski, y me sucedió a mí cuando lo leí. Nunca se lo dije y ahora lo leerá: Sentí un dolor tan inmenso...

2 comentarios:

Roberto dijo...

Realmente vergonzoso. Ya lo dijo Schopenhauer: "Quien maltrata a un animal no puede ser buena persona". Las imagenes que han dado pie a este post me parecieron terribles, y yo también les dedique un post en mi blog, en el que curiosamente también trato del tema del Toro de la Vega de Tordesillas. Si te interesa te invito a que le eches un vistazo: Bestiarios del siglo XXI: Sobre la tradición frente a la razón.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Gracias por el comentario.
Aún recuerdo a Pluto... nunca se le dió una oportunidad.
El perro del balazo es Vito (macho). Vito (Corleone, porque sobrevivió a una "balacera", y la otra Perrita Lessie, le hicieron un collar a medida... tanto que le abrazaba la tráquea... estos dos están en Holanda.. viviendo felices la vida que nosotros no les supimos dar.

El único hecho que diferencia la agresión hacia este perro es que un señor lo grabó y se realizó una demanda que, por una vez fructificó (ya sabes que en Langreo el propio fiscal nos echa atrás nuestras demandas por abandono). Sólo es un fenómeno mediático... mañana todo el mundo que ahora está haciendo aspavientos se habrá intersado por otro tema, mientras las protectoras están llenas de animales abandonados, maltratados y torturados y muy poca gente se involucra.

No me sorprende en absoluto esta salvajada.

Para mí no deja de ser una representación más de la violencia que lleva dentro el ser humano, que unos son capaces de reprimir y otros no, y que siempre se manifiesta sobre el más débil en ese momento.

Este hecho sólo me ratifica en que la violencia es violencia se aplique contra quien se aplique (si bien, sí pienso que en el objeto de esa violencia hay que hacer distinciones... no es lo mismo contra un ser humano que contra un animal... el hecho del maltrato es el mismo).

Ese hombre sólo necesitará una excusa suficientemente fuerte, capaz de superar las, digamos, barreras mentales que le frenan, para atacar a cualquier otra persona u animal.

Los argumentos que se esgrimen me suenan tan conocidos... tipos "son muy buenos vecinos" (¿cuántos maltratadores/asesinos son calificados por sus vecinos como... eran buena gente, muy amable siempre saludaba en la escalera..) o el hecho de "que mataba las gallinas o los patos no sé" me recuerda a ese tipo de comentarios "es que encima me contestó mal y claro.. perdí los nervios.... " (una vez más.. culpabilizando a la víctima.. de eso ya hemos hablado).

Hemos sabido del sufrimiento de ese perro.. pero cuántos más sufrirán sin que nadie nos lo cuente.

El sufrimiento no me es indiferente se aplique contra un animal o una persona (aunque sospecho que nosotros nos lo estamos provocando contínuamente).

En general un perro es un bicho, una animal poco más que un mueble. Un instrumento para nuestro uso o nuestro capricho y cuando ya no cumple ningún servicio debe ser desechado.... Y cuando todo esto pase.. la mayor parte de las personas que ahora se tiran de los pelos mirarán hacia otro lado cuando su vecino abandone el perro en la gasolinera.

Soy Trabajador Social (aunque no ejerzo) pero he sido voluntario en varias organizaciones algunas muy renombradas... ese trabajo estaba bien visto.. ahora el 90% de los comentarios que recibo son con suerte indeferentes cuando no despectivos y precisamente me centro más en este tema por que supongo que el 90% de la población sí hace algo para los niños.(del tipo..."mejor te ocupabas de los niños")

Aunque veo también la progresión.... claro y me obligo a ser un poquito positivo... la vida hoy es mucho mejor que hace 50 años (al menos en la sociedad en que me muevo) y también para los animales el hecho de que haya habido una sentencia por un maltrato a un animal... es todo un avance!!

Perdona la extensión de mi comentario

César