sábado, agosto 19

Una historia de la Masonería en Asturias IV. Los años duros



Inicio este nuevo capítulo de las vivencias que rodearon el reasentamiento de la masonería en Asturias, con la foto de un mercado, el de la Boquería, en Barcelona.

El porqué de este comienzo se explica con los viajes que realicé en 1996 y 1997 a aquella ciudad, en la que los sobrevivientes de la catástrofe que supuso la Gran Logia Masónica Asturiana acabamos encontrando un pequeño amparo asumiendo un paso complicado y un tanto lamentable.

En efecto, tras el desmembramiento y la ruptura de aquél proyecto, las denuncias, las querellas y las amenazas recibidas, la mayor parte de los integrantes del taller nos seguimos reuniendo en una Cafetería que ya no existe: Choko, en Oviedo. En la actualidad hay un supermercado en este local, así que los rincones de la reciente historia de la masonería asturiana empiezan pronto a desaparecer. El caso es que en aquellos encuentros se planificaban las estrategias a seguir frente a quien había generado el desastre; pero también qué se iba a hacer en el futuro. Resultó, para nuestra desgracia, que que alguien se encargaba de mantener entrevistas "reservadas" y filtraba todo lo hablado entre nosotros a quien en aquel momento era el enemigo a batir. Así son las cosas y así de legítimo puede llegar a ser el temor. Y no hago el anterior comentario con ánimo de castigar, pues no se trata aquí de cargar tintas contra nadie sino únicamente de dibujar lo que sucedió en aquellos días.

La existencia de la fuga de información, que terminó haciéndose pública, desanimó a muchas personas. El miedo explicable de algunos y la desilusión en la mayoría supuso que al final quedáramos "vivos" seis militantes, que nos planteamos dar los pasos para establecer una logia en Oviedo. La capital era el centro de Asturias. Era el lugar de residencia de la mayoría. Y los que vivíamos en Gijón vimos con buenos ojos dar aquel paso que, además, era de justicia.

Aprovechamos los contactos que yo había conseguido en Francia. En aquel entonces conversaba a menudo con una figura histórica de la Masonería Española con mayúsculas, Don Rafael Vilaplana. Tras una crisis en la Gran Logia Simbólica Española había abandonado ésta y había fundado el Gran Oriente Español Unido. Y a aquella puerta llamamos.

Alquilamos un local horroroso en el número 14 de la Calle Bermúdez de Castro. Era un entresuelo descuidado, casi en estado de abandono, con un salón en el que establecimos el taller. En el suelo se colocó el ajedrezado característico; se pintaron las paredes de rojo; las mesas cubiertas por paños negros... Verdaderamente siniestro y, en aquel momento, en la línea del escocismo lamentable que practicábamos en Asturias.

La Logia recibió el nombre de Rosario Acuña. Fue el primer intento. Aun conservo el tampón de caucho con el que sellábamos nuestra modesta correspondencia. Pero tuvo escasa actividad: empezamos a vivir pronto el problema que nos ha caracterizado durante mucho tiempo, las faltas de asistencia. Surge aquí una regla de oro que ha de conocer todo francmasón "cuando una logia es pequeña y no todos sus compenentes participan en el trabajo, el batacazo está servido".

Las relaciones con Rafael Vilaplana cuajaron en un viaje que él hizo en 1997 a Gijón; venía acompañado de alguien a quien recuerdo con especial cariño, Don Miquel Baygual Llobet. Recuerdo que también organizamos una cena en la Casa de Comidas de Paulino Lorences, "Al Son del Indiano", en Malleza, y que en aquel entonces era una entrañable mezcla entre La Habana y París, pero ubicada esta maravilla en un pueblecito asturiano, lleno de casonas indianas, y que en invierno llega a quedar aislado con las nevadas.

Entre Baygual y Vilaplana habían dado los pasos necesarios para la creación del Gran Oriente Español Unido, cuyos mayores efectivos radicaban en Catalunya, concretamente en Girona y en Barcelona. La sorpresa que recibieron tuvo que ser mayúscula. Siempre he tenido la impresión de que desde fuera se nos debe ver cómo una pequeña aldea gala: Unos asturianos que están solos; que no tienen otra logia cercana a no ser que recorran trescientos o cuatrocientos kilómetros; y que se empeñan en levantar los cimientos de una.

Recibimos el apoyo de aquella pequeña obediencia escindida y que además era de composición estrictamente masculina. Ahí hubo que realizar el primer sacrificio y hacer trabajar de forma clandestina a la Hermana que nos había acompañado. En todo momento dejamos claro que aquello no nos convencía. Unánimente defendíamos una concepción mixta de la masonería; y el problema con el que nos encontrábamos era que el Gran Oriente Español Unido no reconocía la condición de masonas a las mujeres amparándose en una tradición absurda a la que se recurre habitualmente por parte de algunas organizaciones masónicas.

Asumimos la renuncia, trabajamos de forma "clandestina", y nos planteamos sostener la cobertura que nos daba la pertenencia al G.O.E.U. sin dejar de quejarnos por aquel anacronismo y por la situación en que nos encontrábamos. Y tuvimos suerte. Durante los dos años que duró aquella nueva experiencia realicé dos viajes a Barcelona como "diputado" -casi nada- representante de los HH:. de Asturias. En el primer año recuerdo que conocí a alguien a quien aprecio mucho: Rosa Tur, y con quien compartí todavía no hace mucho algún instante de gran emoción recordando aquellos días. Participé en el encuentro de Logias que se celebraba en un piso primero de un edificio antiguo, muy antiguo y desvencijado, al que se podía llegar por una de las salidas de La Boquería. Mi petición de que la Obediencia se hiciera mixta naufragó, pero sí aprecié que no todo el mundo vivía dentro de un modelo masónico tradicionalmente discriminatorio.

Al año siguiente surgió la oportunidad de fusionar la Obediencia con la Gran Logia Simbólica Española, en aquel momento la mayor organización liberal y mixta de la masonería española: Era una noticia extraordinaria. Si aquella idea se hacía sólida, en Asturias podríamos unirnos a otros miembros desperdigados y construir algo sólido por primera vez, olvidándose de cuitas, dimes y diretes, para trabajar en el ámbito social e individual como única ocupación.

Uno de los obstáculos que se planteaban en las negociaciones, aparte de otros que seguramente existían y que no conocía, era el hecho de que la Simbólica era mixta; no sólo reconocía la condición de masonas a las mujeres, a diferencia del G.O.E.U., sino que su método de trabajo y organización pasaba porque en las Logias hombres y mujeres convivieran cotidianamente. Miquel Baygual asumió que el cambio era inevitable y que la fusión era necesaria. Realmente el Gran Oriente Español Unido no experimentaba un gran desarrollo y, sabiamente, apreció que la salida pasaba por dar un buen resultado a aquella negociación entablada con quien entonces dirigía la Gran Logia Simbólica, Joan García Grau. Defendí el giro hacia la mixticidad, la fusión y la votación dio un resultado mayoritario en favor de la conversión del Gran Oriente Español Unido en Obediencia masónica mixta y de la fusión del mismo con la Gran Logia Simbólica Española.

Así se cerraba un capítulo en el que había aprendido mucho. Aprendí que necesariamente había que ser prácticos; que había que sacrificar en ocasiones; y que es muy difícil saber hasta dónde es posible hacer sacrificios cuando se sigue una línea basada no tanto en los "irrenunciables principios" como en la posibilidad de obtener algunos resultados. Es verdaderamente difícil encontrar la medida equilibrada entre "no dar ni un paso atrás ni para tomar impulso" y "vender el alma al mejor postor". Es muy complicado encontrar el punto medio cuando no se debe vivir a cualquier precio, pero tampoco morir por cualquier causa. Lo anterior no quiere decir que uno no tenga principios, ni mucho menos, o que los principios con que uno actúa admitan renuncias a la mínima. Pero recuerdo aquellos días tan complicados en donde tomamos la decisión de dar un paso dejando a una Hermana nominalmente fuera del proyecto, obligándola a no figurar en los papeles y a entrar por la puerta de atrás. Y lo recuerdo especialmente porque el sacrificio no fue sólo nuestro, que renunciábamos a un valor básico. Evidentemente ella hizo la mayor renuncia.

Aquí queda esta pequeña historia; las dos organizaciones se fusionaron; en Oviedo éramos tan pocos que finalmente las expectativas no se cumplieron y tuvimos que dejar el local de Bermúdez de Castro: Otra retirada. En esta ocasión "sobrevivimos" dos personas al embate. Silo, que ahí sigue, y yo. El hartazgo pudo con todo. Tomamos contacto con miembros de la Gran Logia Simbólica Española, que se desplazaban a Valladolid...Pero esta es otra parte de la historia...

4 comentarios:

Rosae dijo...
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Rosae dijo...

Ciertamente fueron años duros. Pero me queda la suerte de haberte conocido en esos tiempos y haber podido mantener la relación de fraternidad que entonces se inició.

ZAE dijo...

Soy el único hijo de Miguel. Te agradezco el cariño con el que hablas de mi padre. Cierto es todo lo que dices, fueron años dificiles pero la ilusion y el empeño son siempre mayores cuando las circunstancias son adversas.

Ricardo Fernández dijo...

Estimado ZAE:
Creo que con ocasión de mi segundo viaje a Barcelona acompañé a tu padre muy cerca de donde trabajabas. Nos presentó muy fugazmente; pero tuvimos ocasión de vernos.
Recuerdo con mucho cariño a tu padre. Recuerdo que pude asistir a Barcelona gracias a él, porque no tuvo empacho en costear de su bolsillo ni mi billete de avión ni tampoco el hotel, en la Calle del Pintor Fortuny.
Un abrazo.