miércoles, agosto 23

Inmigración: La Europa pendiente

Nicolás Sarkozy estaba hace unos días en Arcachon, localidad francesa de la costa atlántica famosa por sus ostras, y en cuyas proximidades se encuentra la duna de Pilà, la acumulación natural de arena más grande de Europa. Desde la cima de esta blanda y blanca altura a la que se puede subir con relativa comodidad por unas escaleras de fibra con barandilla, se puede ver la imponente grandeza de Francia, que diría un pedante; o un paisaje bello y espectacular, que decimos muchos. Desde la duna es probable, por no decir seguro, que el Sr. Sarkozy haya visto muchas veces el inmenso mar de Francia, con el Cap Ferret justo enfrente, esculpido en una arena sin mácula y encajado, con una hermosa precisión, en un mar azul y rotundo. No hay transición en la evolución de los colores. No se divisan tampoco tonos que asalten repentinamente la vista, ni embarcaciones extrañas en el horizonte. Nicolás Sarkozy no ha debido ver atravesando esa elegante perspectiva de "grandeur" ningún sucio tronco, o una mísera y destartalada barca cargada de subsaharianos, negros como el betún; pero sí ha debido intuir que entre los antiguos súbditos del pasado colonial, debe haber algún forzado viajero medianamente instruído. Eso es lo que ha debido pensar: Que hay negros en los que la escuálida educación dada por la metrópoli, ha dejado una huella de luz que puede hacer posible su estancia en el sagrado suelo de la "Patrie".
Sarkozy, Ministro de Interior, probable candidato de la Francia negra (y me refiero en este caso con el adjetivo más a un color de ánimo que al de la piel) a la Presidencia de la República en 2007, ha decidido poner en marcha una particular política inmigratoria: expulsiones masivas -he leído cifras diversas; hasta 30.000 personas- y admisiones selectivas que beneficiarán especialmente a aquellos inmigrantes con una formacion aceptable para incorporarse al tejido productivo francés. Pienso inevitablemente en mi madre, que trabajó en Metz como "femme de menage" para la familia Toulib, que la explotó sin asegurarla; y para los Arnout después, que si la trataron atendiendo a su cualidad de persona y sin perderle el respeto. Pienso asimismo en mi padre que, también en Metz, conoció las frías madrugadas, y se agrietó las manos con el cemento y los encofrados de las obras de Thionville. Sarkozy les habría negado la oportunidad; él, que tiene el más francés de los apellidos: Qué fácil se olvidan algunos de lo que son o de lo que fueron.
En definitiva, el modelo inmigratorio por el que apuesta en este momento Francia pasa por decir, sin sonrojo y con todo el descaro posible, que no mlolesta la inmigración "de luxe", aunque el "luxe" sea el de un pobre africano y su tejido gris, que serán incorporados a la telaraña pequeño-burguesa de las clases medias, que cada vez son, por cierto, menos "clases" y menos "medias". A pocos les importa lo que sucederá en cualquier país africano misérrimo cuyos escasos médicos, abogados, maestros, ingenieros, cruzaron un día la frontera y se fueron a hacer las "Francias". Sarko nos propone un buen negocio, en el que se hace caja con lo poco que puede quedar del expolio colonial. Pero ¿que hará la población a la que no le ha tocado la "ilustracion" reservada a una parte de los desheredados de la Tierra? Probablemente, por pocas luces que tengan o hayan visto en su vida, se arrojarán a perecer en el mar, jugando a esa ruleta rusa en que se ha convertido la huída a occidente.
Pero la referencia a Francia no es más que un pequeño apunte en este texto. No pretendo analizar una sociedad concreta, sino seguir un hilo más largo en relación con un problema como el de la inmigración ilegal, de tanto calado humanitario, económico, político...
Porque mientras desde las blancas arenas atlánticas la demagogia exhala su último suspiro conocido, las negras arenas volcánicas canarias reciben insistentemente las bofetadas que da la realidad en forma de una avalancha trágica de hombres, mujeres y niños que asaltan las puertas de la feliz Europa. Ya he dicho Europa. Esa es la palabra mágica de esta historia agónica y que nadie quiere pronunciar, especialmente aquéllos que siguen atrapados en el mundo de las ideologías totalitarias caducas, o en el de las "naciones frontera", encantadas de haberse conocido a sí mismas.
Vemos estos días en España que, una vez cerrada a cal y canto la frontera del norte de Africa (Ceuta y Melilla) -rebasada un día sí y otro también en la época de Aznar-, se ha desbordado la capacidad de actuacion de las autoridades españolas, impotentes para hacer frente a la marea humana que se estrella hambrienta y deshidratada en las playas, donde reciben los primeros auxilios de manos de los sorprendidos bañistas. Bien es verdad que la estampa descrita es diferente a aquellas vergonzantes instantáneas de turistas con las panzas al sol, rodeados de ruinas tras el sunami que asoló los paraísos índicos como las Maldivas, pero no sirve de consuelo ante la falta de respuesta a esta difícil encruzijada que se plantea. En lo que llevamos de año, el gobierno español ha trasladado a la península a 11.000 personas, algo más de las que se trasladaron en los años 2004 y 2005 juntos. Canarias no puede soportar por sí sola una crisis humanitaria de esta envergadura. No tardarán en surgir los problemas con otros territorios; y con la propia población desplazada, a la que en muchos casos no se sabe muy bien a dónde repatriar o que otro destino darle que no sea el de vagar sin oficio ni beneficio por las calles de nuestras ciudades peninsulares.
La respuesta descoordinada de los tres o cuatro ministerios que se ocupan de la cuestion inmigratoria en España; la catapulta que los gobiernos autonómicos del Partido Popular (lo más próximo a Sarkozi que podemos ofrecer en este a veces sorprendente país) han encontrado con este asunto; y el viaje del Ministro Pérez Rubalcaba al Senegal para evitar "in situ" el éxodo de la miseria, son aspectos diferentes de un mismo objeto: la política española de remiendos mal zurcidos aplicados a un desgarrón demasiado grande en el tejido del bienestar europeo. Aun así todavía podemos decir que nos diferencia de Sarkozy la xenofobia oficial y manifiesta, y la voluntad de expolio con la que actúa; pero el populismo es inevitablemente seductor y la distancia que nos separa no va a ser difícil de liquidar.
Retornando a nuestro viejo continente y a nuestra amada comunidad ¿Qué sucede con la Agencia Europea de Fronteras? ¿Dónde está su voluntad y medios? La moribunda Constitucion de la Europa Unida contenía el germen del diseño de una política inmigratoria común, que partía de la idea de que no había fronteras particulares, sino que las fronteras exteriores de la Unión eran una preocupación común de todos los firmantes del Tratado. Dicho el "No" de mayo de 2005, recogemos en este instante una de las consecuencias: No se concibe la existencia de una "frontera Europea" y, por tanto, no existe un problema europeo, sino uno particular de cada uno de los miembros. Y como se observa que no hay país que pueda afrontar por sí solo la situación que vivimos en la actualidad, se acude a la creación de ampulosas oficinas que, con pocos medios, no ofrecen más que un escaparate en el que poder exhibir una tibia e insuficiente burocracia, sin apenas voluntad para la resolución del problema.
Mientras cada cual piense que las consecuencias del hambre y la miseria son un problema que ha de solucionar el vecino, caminaremos lentamente hacia el desastre. Mientras no tengamos el coraje de construir una Europa heredera de las luchas fratricidas que padeció, y de las ideas que alumbraron los sistemas democráticos en el mundo, olvidando el viejo cuento de las fronteras y de las ideologías mesiánicas que contienen la formula mágica para la liberación del ser humano, dogma de la lucha de clases incluído, contribuiremos sensiblemente a poner fin a ese preciado y mullido asiento sobre el que estamos sentados. Mirar para otro lado, lo que estamos haciendo en este momento, siempre ha sido el preludio para la tragedia.
Europa, Europa ¿cuando llegarás?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una simple acotación.
Lógicamente se han producido más traslados de inmigrantes a la península porque están llegando muchos más inmigrantes a Canarias que en años posteriores cuando utilizaban preferentemente la ruta marroquí.
Debido a que esta ruta ahora está presuntamente más vigilada por las autoridades marroquís, debido seguramente a la presión y las negociaciones del gobierno español, se han buscado rutas alternativas y en esas rutas Canarias es el puerto de llegada cuando antes se prefería cruzar por el estrecho de Gibraltar.
Es decir ese dato en sí mismo no es reflejo de que la situación haya sufrido un drástico empeoramiento, simplemente se han cambiado las pateras por los cayucos.
Por cierto un recuerdo a los 50 inmigrantes que Marruecos dejó en medio del desierto, en una zona al parecer minada, sin agua ni comida, sin que ni ellos ni Mauritania muestren el más mínimo interés por su situación. (y un agradecimiento a Manos Unidas)

Ricardo Fernández dijo...

Estamos completamente de acuerdo.