martes, agosto 15

Católica España

Hace no muchos años celebré como abogado una conciliación laboral en Langreo. Las dependencias que allí existen, en La Felguera, en lo que hoy es el Servicio Público de Empleo, se caracterizan, aparte de por ser muy viejas, por estar presididas por dos pequeños crucifijos de tétrico diseño que, se supone, debían iluminar convenientemente a las representaciones empresariales y obreras a la hora de emprender sus negociaciones.
Me sorprendió no obstante encontrarme en la cuenca minera y presenciar aquello. Pero luego visité la sede del Ayuntamiento de Langreo y me topé con una Virgen, creo que la llaman del Carbayu, que, también supuestamente, extiende su manto protector sobre la corporación municipal. Me suena que fueron los primeros concejales socialistas del período democrático los que se cubrieron de gloria con la medida de confundir la casa de todos con una capilla. Con ello, cualquiera que vaya leyendo esto que escribo, no se sorprenderá tanto de las aptitudes de la Alcaldesa de Gijón para bendecir las aguas de la playa de San Lorenzo el día 29 de Junio, festividad de San Pedro, y por lo que me quejaba hace unos días.
Luego me ha tocado ver más cosas: Jueces que impartían su secreto misterio con un crucifijo sobre la mesa; el servicio de información de la Agencia Tributaria de Gijón presidido por una foto del Arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, pegada en la cristalera y de cara al público y con el titular "Nuestro amigo"; el despacho del quien hoy ocupa uno de los juzgados de familia de Gijón adornado por dos crucifijos a falta de uno...
Recuerdo que cuando estudiaba Bachiller en el Instituto Jovellanos mi aula tenía colgado un crucifijo sobre la pizarra. Los alumnos a los que se nos obligaba a estudiar Ética para que otros pudieran ser convenientemente adoctrinados en la fe católica, protestamos por el adorno ante el director, hombre pacífico, pero que templaba más gaitas que yo, que ya es mucho decir. Primero el crucifijo se retiró y se colocó encima del armario. Un día acabó en la papelera después de que alguien volviera a colocarlo en su postura original... Finalmente, resbaló y cayó por la ventana de un segundo piso, sufriendo diversas fracturas que le hicieron inservible en aquella guerra religiosa estudiantil. No tuve nada que ver con el luctuoso suceso.
El caso es que saco todo esto a cuento porque con ocasión de la festividad religiosa del día de hoy que, he de reconocer no sé exactamente cuál es, el Arzobispo de Toledo (a quien vemos en la cabecera de inconfundible negro con Mariano Rajoy) ha tenido el valor de resucitar el cadáver del nacional catolicismo diciendo: "es importante que Dios sea grande entre nosotros, en la vida pública y en la vida privada" y, "en la vida pública, es importante que Dios esté presente, por ejemplo, mediante la cruz en los edificios públicos".
Ha sido una suerte que Cañizares haya dicho que no desea un estado confesional, pero no me cabe duda de que con pasos como el dado, la iglesia española no hace más que revelar su desorientada intransigencia: La concepción de una laica España ha dado hoy un gran paso.
Dice Cañizares en su misa festiva que el laicismo esencial persigue que dios no cuente en la vida de los hombres; aparte de confundir además laicismo y ateismo, estas mezclas deliberadas de conceptos diferentes van dirigidas únicamente a desorientar al personal y a buscar el titular correspondiente. Ni el laicismo tiene nada que ver con el ateismo, posición personal tan respetable como cualquier otra, ni el laicismo tiene como objeto hacer desaparecer a dios de ningún sitio: Para que nadie tenga tentaciones de hacer su creencia única y verdadera laminando las de lo los demás; para que nadie pretenda, basándose en su creencia, regular la convivencia ciudadana con arreglo a los cánones de su credo, imponiéndose a todos, sin respetar a nadie, la democracia ha de organizarse de tal forma que el Estado guarde una neutralidad total y absoluta con respecto a las religiones, respetándolas a todas, procurando que ninguna convicción particular sea perseguida y que ninguna persiga. Desde luego, esto que describo nada guarda de relación con dios y su presencia supuesta en la vida de los hombres.
Pero plantear que en los edificios públicos se coloque una imagen de una confesión religiosa, imponiendo a quienes no tienen esa creencia la visión de un hombre agonizante clavado en un madero, no es ni más ni menos que un acto dogmático e intolerante que prescinde de todo respeto a la independencia y soberanía del Estado por una parte; y por otra a todos los ciudadanos que viven la religión en su ámbito privado; o a los que simplemente conviven en el mismo espacio social y no creen en nada o profesan otro credo tan "verdadero" como el del Sr. Cañizares. Quien quiera creer que crea; y a mí que me dejen tranquilo.
Por cierto, propongo al Sr. Cañizares que estudie el nuevo modelo de crucifijo a plantear a las autoridades civiles. No sé si la última transfiguración de Madonna será de su agrado; creo que no. Pero sobre gustos no hay nada escrito y existe algo que se llama Libertad.
Por cierto, Sr. Cañizares, ¿Qué hacemos -no ya con los ateos- con los musulmanes, testigos de Jehová, anabaptistas, otros protestantes varios, y y todas las otras religiones verdaderas? ¿O va a perderles el respeto diciendo que son creencias falsas y supercherías? ¿O va a evangelizar a todos esos herejes? ¿O va a llenarnos los edificios públicos de artefactos de uno y otro color para recordarnos la omnipresencia de dios en sus múltiples configuraciones? Pero claro, ahora que lo pienso los ateos no tenemos artefacto que nos represente ¡Qué lástima!

1 comentario:

Aprendiz Errante dijo...

Venerable: que bien te expresas, ni Dios lo diría mejor,animo hermano.