lunes, agosto 7

Beligerancia


Como hay quien no descansa en verano, vamos a dedicarle unas líneas a Don Fernando Sebastián, Arzobispo de Pamplona, colaborador en otro tiempo del Cardenal Tarancón, y que reivindica hoy activamente el reconocimiento que la sociedad española le debe a la Iglesia Católica por su activa participación en lo que se ha venido en llamar "Transición", esto es, el paso de la dictadura del General Franco a la recuperada Democracia. Ahí le tenemos estrechando la mano al ultraderechista Rouco Varela, el hombre que lleva gafas modelo golpe de estado, conocido por su ninguna moderación y a quien ya le hemos dedicado algún momento en este espacio.
Pero si me acuerdo ahora de Fernando Sebastián no es por la Transición, pues para mí es más mercedor de homenaje el silencio de tantos hombres y mujeres que aceptaron pasar página, que la bajada en marcha emprendida por la Iglesia de un carro desvencijado, que se deslizaba cuesta abajo a medida que el dictador Franco envejecía e iniciaba el definitivo capítulo vital que supuso su lenta y provocada agonía.
Fernando Sebastián se ha sumado a esa coral católica que entona la protesta victimista, y conforme a la cual vivimos en un régimen en el que gobierna el "laicismo beligerante". Eso dijo el otro día en el Encuentro Nacional de Jóvenes, celebrado en Navarra con ocasión de la celebración del Quinto Centenario del nacimiento de uno de los fundadores de la Compañía de Jesús. Dado que no se da puntada sin hilo entre los hombres de sotana, calificar como beligerante un proceder en el que cada paso que se da se mide de forma extraordinaria, y donde la prudencia o temor con que se actúa llega a ser hasta exasperante, responde a una estrategia elaborada para evitar males mayores entre unas gentes cuyos puntos flacos son únicamente dos: La educación y el dinero, esto es, su financiación a costa del erario público. Hablar de beligerancia en los términos en que se ha hecho por el Sr. Sebastián responde únicamente al desarrollo de un quehacer político, al servicio de una posición partidista incapaz de hacer una constructiva oposición.
No está de más decir que de laicismo beligerante nada de nada. Y no está de más recordarle a quien tanto reivindica el papel de la Iglesia en la Transición que antes de eso hubo un pasado. Hay actitudes que sí fueron y son beligerantes; y por eso acompaño la fotografía adjunta en la que todos reconocerán al menos dos cosas: Un gesto y una persona. Eso es beligerancia y no lo que se haga por un Gobierno elegido en un proceso democrático y que actúa con toda la legitimidad que le dan las urnas. Sr. Sebastián, tiene una viga en el ojo...