sábado, julio 8

Recordando a Francisco Franco

Recordemos a este tirano. Recordémoslo para que no se nos olvide su legado de sangre, de miseria, de dogmatismo y de ignorancia. Recordémoslo para que no nos vuelva a suceder nunca más lo mismo. Recordémoslo como hizo esta semana el Parlamento Europeo que, con dos sonadas excepciones, condenó este pasado amargo.
Y recordemos esas dos excepciones para saber por dónde caminamos unos y por dónde van trotando otros: Jaime Mayor Oreja, representante en esta ocasión del Partido Popular Europeo, evitó cargar las tintas sobre el dictador, prefirió centrarse sobre la transición, y miró para otro lado. Nada nuevo en este proceder que reproduce la actitud que el mismo partido mantiene en España, donde sistemáticamente se niega a condenar no sólo el golpe de Estado del 18 de Julio, sino también la larga dictadura que luego vino. A eso lo llamaremos coherencia.
Hay un empeño sostenido desde lo que aquí llamamos "coherencia", en presentar la Guerra Civil y el golpe de Estado que la desencadenó como una consecuencia inevitable de la terrible crisis que vivía España en aquellos años treinta. Ya he escuchado de todo: Desde que el conflicto se inició en Asturias, en 1934; hasta que la tragedia la fueron hilando juntos el PSOE de entonces y aquella Esquerra Republicana, no sé si tan enloquecida y poco seria como la de ahora. Hay más versiones, todas ellas coincidentes en que al pobre sátrapa gallego no le quedó más remedio que tirarse al monte y pasear el brazo incorrupto de Teresa, la monja santa, por las tierras de España a golpe de cañón y pistola.
Pero la simplificación anterior; los errores de los dirigentes republicanos, que los hubo; la precipitación de una parte de la izquierda; o cualquier circunstancia que se invente o se quiera apuntar, no puede borrar el hecho de que en España existía una democracia frente a la que se alzó un ejército en armas, con la activa participación de la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler; y con la nociva bendición del Vaticano, tan amigo siempre de las causas de los pobres. Mientras tanto, la Europa democrática miró para otro lado y luego pagó su precio.
¿Por qué esa cerrazón a la hora de asumir una condena pública del franquismo? ¿Por evitar mirar hacia atrás y enzarzarnos otra vez en las viejas disputas? ¿No debemos condenar entonces el nazismo? ¿O las dictaduras de lo que se dio en llamar "socialismo real"? ¿No debemos extender pues una mirada crítica hacia el pasado para evitar que vuelva a reproducirse?
No puedo dejar de pensar en algo que de una manera indirecta apuntaba hace unos días: A la derecha española le falta la madurez necesaria para desenvolverse en una democracia. Aún la une al pasado un cordón umbilical con nuestras peores pesadillas que, mientras no se rompa, no augura nada bueno.
Y recordemos para terminar las palabras que pronunció Maciej Marian Giertych, eurodiputado polaco del grupo "No adscrito":"Gracias a la Iglesia española, al Ejército español y a Francisco Franco, el ataque comunista contra la España católica se pudo superar". Indudablemente, además de conocer poco o nada de la historia de España, este señor confirmó la desgraciada opinión que tengo de quienes se dicen independientes o apolíticos.
Es evidente que lo que dijo el eurodiputado neutral, y la incapacidad para rechazar nuestra inmediata dictadura, representa simbólicamente a dos espectros que se dan la mano. Dos horribles fantasmas cuya existencia no podemos poner en duda y que van a acecharnos siempre. Confiemos y trabajemos para que las raíces de la Democracia, en España y en Europa, agarren bien a este desgastado suelo y ya nunca más, nunca más...