sábado, julio 22

Rajoy y el laicismo


Hace pocos días escribía aquí acerca de la distancia abismal que mantiene la derecha española con el concepto de laicismo. No sé si la fuerza conservadora se confunde con el anticlericalimso o, como tantas otras cosas, acaban identificando un elemento esencial del Estado Democrático con una pretensión única y exclusiva de las fuerzas políticas situadas a la izquierda. No es, no debería ser así.
Al margen de lo anterior también señalaba que se echa de menos, sobre todo en esta etapa, una posición política más madura, más acorde con los tiempos que corren y, si se me permite la expresión, "más centrada".
Con lo que está cayendo no tengo ya ninguna esperanza en que algo vaya a cambiar a corto o medio plazo. Y no tengo tampoco la mínima duda de que mientras las cosas sigan como hasta la fecha, y la dirección popular no sea capaz de superar la transición que aun tiene pendiente, nada habrá que hacer con el laicismo, ni tan siquiera soñar que pueda existir una derecha capaz de discernir lo público de lo privado, en definitiva, las creencias íntimas de cada persona y el interés general.
Y digo todo esto a raíz de la intervención de Mariano Rajoy en un curso de verano organizado por la Universidad Rey Juan Carlos, y dirigido por Antonio Cañizares, cardenal de Toledo y uno de los brazos armados de Don Benedetto.
Mariano Rajoy no tuvo empacho alguno en afirmar que, "tanto el laicismo como los fundamentalismos religiosos son enemigos de la libertad, y si logran imponerse, conducen inexorablemente al totalitarismo".
La frase fue pronunciada en el marco de una reflexión sobre la situación actual de la educación religiosa en España. Como ya se sabe, en este momento nos encontramos en plena zozobra por lo que pueda pasar con la asignatura de religión en las aulas. La derecha quiere que se siga impartiendo, mientras que el Gobierno parece que alberga la pretensión de evitar que compute en el expediente académico, y que quienes no quieran asistir a la sesión de adoctrinamiento no tengan que realizar una asignatura alternativa obligatoria de otra naturaleza. La consecuencia inmediata de esta pretensión gubernamental puede ser el desplome de la clientela escolar, pero digo lo de "parece" porque a estas alturas no sé muy bien lo que va a pasar.
El caso es que no pude evitar, ante la frase de Rajoy, pensar que Francia es un estado totalitario ¿Por qué? Pues porque en Francia, desde marzo de 1882, existe una ley (la Ley Ferry) en la que la enseñanza religiosa ha sido excluída de los colegios de titularidad pública. Ya no hablo de la ley de separación de iglesias y Estado, de 1905, porque eso para Rajoy debe ser algo así como el "Mein Kampf".
Y pensando, pensando, uno llega a la conclusión de que España va con más de cien años de diferencia, llamémoslo retraso sin rubor, respecto a su precipitación en brazos del "totalitarismo laico"; y que es triste y decepcionante que una ley de 1882 resulte demasiado adelantada para un representante político de nuestros días, aunque sea de derechas.