domingo, julio 30

La Resolución 1612: Primer Aniversario


Hace más o menos un año, Naciones Unidas adoptaba la resolución 1612, cuyo objeto era la creación de mecanismos de control, análisis y observación sobre las agresiones que sufre la infancia en el mundo. Los resultados de tal aparato de vigilancia no han podido ser peores en este primer año, pues se ha sabido que en el último decenio han sido masacrados dos millones de niños en todo el mundo.
Escribo esto hoy, cuando las informaciones nos sacuden en el Líbano recordándonos que en uno de esos ataques antisemitas, o antiterroristas, Israel se ha llevado por delante a toda una familia refugiada en un edificio. Parece que de los cincuenta muertos, la mitad eran niños. Un daño colateral más que Condoleeza y el Tsahal lamentarán profundamente. No obstante, a alguno le quedará el consuelo de que la versión oficial israelí señala que, piadosos y humanos ellos donde los haya, avisaron del inminente ataque contra tan peligroso objetivo: Curiosamente la misma excusa que hace poco ponía en España E.T.A. cuando "atacaba" alguna estructura civil del "enemigo" ¿Se acuerdan de cuando voló por los aires el Hipercor de Barcelona? Pues eso, que llamaron por teléfono: Y es que, ya lo decía Joseph Conrad, "Todos los que infunden terror salen del mismo cesto".
El otro punto que me llamó poderosamente la atención de la acción de Naciones Unidas es la cuantificación de los "niños soldado" que hay en el mundo: Nada menos que 250.000 menores empuñan las armas en uno y otro lugar, ante la mirada culpable de todo el orbe.
Tengo muy claro que la Resolución 1612 no es más que eso: una camisa tejida por algún jurista cuyo fin es, literalmente, poder contar las ovejas de este rebaño de desarrapados formado por niños reventados, amputados, violados, esclavizados y capaces de empuñar un Kalaschnikov; y todo ello para mayor escándalo de un mundo estúpido.
Cierto es que debe ser muy difícil eliminar este problema como tantos otros. Pero cuando lo que llamamos civilización es capaz de enviar la más moderna maquinaria de guerra a cualquier confín del planeta, a uno le quedan muchas dudas rebotando en la cabeza sobre la verdadera capacidad de cambiar las cosas o de enfrentarse a este nuevo episodio de la historia miserable de la humanidad. Las cosas no cambian porque no queremos cambiarlas.



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