sábado, julio 22

Carpetazo al Caso Sopeña



El caso Sopeña, supuesto escándalo de corrupción que afecta a un concejal y senador del Partido Popular en Oviedo, se ha terminado. Bueno, mejor habría que decir que se ha terminado una parte del caso, porque ahora va a comenzar otra igual de liada que la anterior, y también judicializada.

Todo empezó con una denuncia acompañada de unas grabaciones en las que aparecía la voz del Sr. Sopeña, y se aludía a una compraventa de terrenos y al pago de alguna coima a cambio de la amable intervención.

Parece que las cosas estaban prendidas con alfileres y la Fiscalía no ha apreciado delito alguno, con lo que el asunto va a archivarse por lo que toca al senador popular.

En efecto, no en todas las cintas aparece la voz del Senador. Y cuando aparece no debe decir nada interesante a los efectos del Código Penal. Lo malo de este asunto es que, como se suele decir, se ha "hecho un pan como unas hostias": Si yo fuera Sopeña me querellaría contra todo bicho viviente; aunque probablemente tampoco de su acción surja condena alguna para quienes promovieron el asunto, a tenor de las manifestaciones del Ministerio Fiscal. Habrá que esperar y ver.

No voy a hacer aquí un análisis político, porque no es la intención que tengo en este espacio: Yo tengo mis opiniones y mis certezas respecto al asunto, y sé que el hecho de que Sopeña apareciera en una conversación en la que se hablaba de comprar una propiedad se debe, como el dijo, a ayudar a un amigo. No puedo dudar de eso; a todos nos suceden este tipo de cosas con los amigos. Lo que pasa es que con este jaleo de Marbella nos estamos acostumbrando a que nadie dé nada por nada, y creer que todo el que araña se lleva algo en las uñas. Somos muy mal pensados.

Pero sobre lo que sí me gustaría reflexionar brevísimamente es sobre la mala utilización de los procesos penales, impulsados en alguna ocasión sin fundamento suficiente, y que no hacen sino crear mártires donde no debe haberlos. El hilo judicial es muy fino, de una seda muy frágil y delicada que se rompe a la menor imprecisión. Y no puedo menos que observar que quien maneja tan torpemente estas herramientas fabrica una munición letal.

La Justicia está para lo que está. Cada derrota cuenta y cada victoria también; por eso, cuando lo que se hace es lanzarse a la carrera mediática sin conocer siquiera dónde está la meta, se comente un error que se tiene que pagar. Sucederá en Oviedo y, si no, al tiempo.

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