sábado, junio 3

Soy el Papa de Roma, y para que te acuerdes ¡Toma!

En 1951, Mao Tse Tung, amo y señor de toda la China, tirano capaz de matar de hambre a setenta millones de personas, rompió relaciones diplomáticas con el Vaticano.
Católicos hay en China como hay miembros de otras religiones. Pero no encajaba la libertad religiosa con la teoría stalinista mantenida entonces por Mao; ni encajan ahora las relaciones entre el sistema de Partido Único y el de religión Única y Verdadera.
El caso es que cuando los nuevos tecnócratas de la República Popular empezaban a templar gaitas; y el Vaticano empezaba a pensar en un nuevo paraíso misionero, algo se ha torcido.
Los chinos, que son muy suyos, quieren nombrarle los obispos a Ratzinger. Y han recurrido a aplicar su estrategia comercial a gran escala:
El año pasado pude visitar el Mercado de la Seda; una gran superficie de cuatro, cinco o séis plantas, donde uno puede comprar todo lo imagnable a precios de risa. Precios de risa que se obtienen tras un arduo regateo; precios de risa que se pagan, como evidentemente se habrá podido deducir, por copias casi perfectas -pero de escasa calidad- de nuestros más preciados objetos de consumo y lujo occidentales. El gobierno chino, al que no le gusta eso de que haya una autoridad de una potencia extranjera, también totalitaria, que se inmiscuya en sus asuntos o amenace su poder absoluto, ha creado la copia religiosa perfecta, una Asociación Católica Patriótica cuyos obispos son nombrados por el Partido Comunista Chino.Desde lo del comunismo hereditario de Corea del Norte, no me había encontrado con una situación tan sorprendente en este terreno ideológico. Ya tenemos ante nosotros una versión católica de la causa comunista.
Contento anda el Vaticano sancionando con la excomunión a los Obispos nombrados por Pekín. Mientras, los chinos siguen sin hacer caso y enviando a paradisíacos campos de reeducación a los obispos rebeldes que no obedecen las directrices que emanan del Gran Palacio del Pueblo, en la Plaza de Tianannmen, para que de este modo no olviden ni su origen proletario ni quién manda. Qué lejos queda la democracia de todos aquellos lugares en los que los poderes se entremezclan; las religiones y los gobiernos confunden su espacio; las libertades, de culto, de pensamiento, de palabra, se cercenan... Qué macabra broma, esta pelea en la que se han enzarzado dos formas de intransigencia, política y religiosa, que, a buen seguro, acabarán encontrando el camino del entendimiento entre hipócritas. Así es; así ha sido siempre.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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