sábado, junio 17

¿Que fue de Europa?


Ayaan Hirsi Ali, la mujer de la fotografía, que hasta hace poco se dejaba oir por los rincones de la vieja Europa defendiendo los derechos de las mujeres oprimidas por la mal llamada cultura islámica, se va porque ningún país de la cuna de las libertades y de las opresiones ha sido capaz de darle asilo. Dice el embajador de Holanda que no es así, pero parece que la realidad es un poco más tozuda que la diplomacia.
La maldición para Ayaan Hirsi Ali comenzó hace ya muchos años. Tuvo que abandonar su país; sufrió la "tradicional" ablación del clítoris; le negociaron una boda... Y se escapó. Mintió para conseguir la nacionalidad holandesa, y desde ese país se elevó como la voz crítica frente al relativismo cultural tan en boga.
En el 2004 mataron a Theo Van Gog, cineasta con el que había colaborado y calificado como tantos otros como enemigo del Islam. Lo acribillaron. Y su asesino tuvo tiempo de dejar clavado en el cuerpo inerte y ensangrentado un mensaje dirigido a Ayaan Hirsi Ali, la siguiente en la lista.
El guardaespaldas es una presencia habitual en la vida de esta mujer que acaba de perder la nacionalidad holandesa, a manos de una compañera de partido, ministra y que vio en ella a una competidora. Y la sanción no ha sido mal vista por la sociedad holandesa, que ha guardado silencio.
Por si fuera poco, antes de perder la nacionalidad Ayaan Hirsi también perdió su casa. Un juez admitió la petición de su vecindario de sacarla bien lejos por el riesgo que entrañaba la convivencia con la diputada, no fuera a ser que una explosión se llevara por delante a unos cuantos holandeses inmerecidamente.
Leía hace pocos días todas estas cosas en un artículo que publicaba Mario Vargas Llosa, con el título "Una muchacha arrojada a los tigres". Y no pude evitar preguntarme acerca de qué está pasando en Europa, que no ha sido capaz de acoger a esta mujer ni de darle ninguna cobertura.
Europa, hogar de tantos exiliados; patria de tantas declaraciones de Derecho Humanos; sede de tantas revoluciones que liberaron esclavos, no ha sido capaz de romper un lamentable silencio y acoger a esta ciudadana perseguida.
Si hoy dedico estas líneas a Ayaan Hirsi Ali es por dos motivos. Por una parte es una de las voces del laicismo en la Europa actual, que ha tenido el enorme valor (en todos los sentidos de la palabra) de enfrentarse al dogmatismo religioso que se revela como un peligroso enemigo de todas las libertades. Pero no puedo evitar también pensar en lo desolador que resulta ver partir hacia el exilio a una mujer con la que probablemente en otros ámbitos políticos no tenga mucho en común, pero que tiene que salir de aquí en silencio para refugiarse en los Estados Unidos de América, ese lugar donde la tontería creacionista va ganando terreno y donde el dogmatismo bíblico bendice hasta las parrilladas eléctricas.
Es evidente que el fracaso de la Unión Europea actual no radica tanto en que no seamos capaces de dotarnos de un armazón jurídico, más o menos largo, más o menos complejo, sino en que a fuerza de sacralizar las instituciones olvidamos aquello que fue el origen de un sueño. Europa, Europa ¿Qué fue de ti?