sábado, junio 17

El virus del laicismo

Decía esta semana en una conferencia en la Universidad de San Pablo el portavoz de la Conferencia Episcopal, Sr. Martínez Camino, que España había sido atacada por el virus del laicismo. Los ejemplos que daba este jesuíta asturiano pretendían ser contundentes: El matrimonio autorizado entre homosexuales; y la Ley Orgánica de Educación.
La verdad es que cada vez que escucho a este hombre no puedo evitar sonreir. Pero no puedo dejar de reconocer que tiene habilidad para sorprenderme: En efecto, algunas leyes representan una apuesta por una sociedad laica en España. Quizá las dos que tanto preocupan a este señor de negro puedan ser un exponente de eso que el define como laicismo: pero no hay nada nuevo bajo el sol. Y cierto es también que unos cuantos defendemos la teoría de que en España no se pueden dar -mal que nos pese- pasos muy largos si la ocasión no es muy propicia. Es decir, que defendemos que las transformaciones que hayan de producirse no lleven una velocidad tal que nos hagan salirnos en la primera curva del camino.
Cuando en España se aprobó el matrimonio civil, la Iglesia llamó a la reforma "ley de amancebamiento". Fue un pequeño paso, minúsculo, hacia una sociedad construída con principios diferentes a los sentimientos religiosos, que por mucho que se empeñen algunos como el Sr. Camino, no están sujetos al juego de las mayorías y son plenamente individuales. Hoy, el poder civil elegido por los ciudadanos ha modificado de nuevo las reglas sobre el matrimonio civil. La Iglesia ha llegado hasta a lanzarse a la calle contra esa modificación: Me pregunto ¿asumen entonces que se equivocaron cuando llamaron amancebamiento al matrimonio civil? ¿asumen como válido el matrimonio civil? Porque si no asumen ni lo uno ni lo otro ¿qué más les da que tal matrimonio civil se modifique?
A España no la ha picado ningún bicho laicista radical ¿Qué cosa será esa del laicismo radical? La Ley Orgánica de Educación se queda corta, cortísima, en relación al trato dado a la enseñanza concertada, y sí ha dado algún paso acerca de la enseñanza de la asignatura de religión que, no obstante, habrá que ver cómo se materializa, porque mucho me temo que con tanto paso lento al final no lleguemos ni a movernos del punto de partida. Por otro lado la reforma del Código Civil en materia matrimonial es, simplemente, un ejercicio de soberanía popular y la conquista de un derecho ciudadano.
Si lo anterior nos va llevando a una sociedad en la que cada vez tenga menos peso en la vida colectiva la concepción religiosa de unos cuantos individuos, bienvenido sea. Pero hay que ver que al Sr. Camino y a lo que representa le interesa la confusión de términos: Si a estos tibios pasos que se han dado ya se les atribuye la categoría de enfermedad, el día en que a alguien se le ocurran iniciativas políticas más rotundas, estos amigos del victimismo nos venderán algo así como el Terror revolucionario.
Preguntaba por otro lado Martínez Camino en la misma jornada -menudo día que tuvo el hombre- que cómo podía defenderse el "no a la guerra"y el "sí al aborto". Pienso yo que quizá sea porque no todos tengamos la misma idea de las cosas; quizá porque no todos pensemos que dos células que se unen ya llevan dentro de sí una almita soplada con la gracia divina; quizá porque muchos pensamos que la Iglesia no es nadie para defender ni patrimonializar un derecho a la vida humana que ha violado repetida y sistemáticamente.
Ya metidos en la dinámica de las preguntas termino haciéndole una al Señor Martínez Camino ¿Cómo pueden ser partidarios de cercenar derechos sociales a las personas homosexuales con lo que Uds. les hacen a los monaguillos, seminaristas, feligreses...? ¿No resulta un poquitín hipócrita? Y esos silencios escandalosos de Don Rouco Varela... En fin, dejémoslo.