sábado, junio 24

Don Benedetto arma su armado brazo.

Ayer decía un periódico que España pasaba a estar en el punto de mira de la jefatura vaticana. Lo primero que me pregunto es cuándo ha dejado eso de suceder. Y es que parece que la próxima visita del Jefe del último Estado totalitario europeo servirá de caldo de cultivo para expresiones menos afortunadas en torno a la familia -una e indivisible- puesta en peligro por este atajo de rojos, marxistas, masones, separatistas, ateos y laicistas que nos gobierna ¡A dónde iremos a parar! ¡Qué será de nuestros hijos y de los hímenes de las indefensas mujeres españolas! No me lo invento, me hago eco de las declaraciones del Cardenal Franc Rodé, tan amigo de los Legionarios de Cristo: El Papa hablará en España muy claramente en defensa de la familia, "pues es ridículo, si no fuera criminal, querer llamar familia o matrimonio a la unión de personas del mismo sexo". Ciertamente la Iglesia Católica sabe mucho de crímenes y de su ocultación; es una disciplina en la que debemos reconocerles una maestría extraordinaria. Pero todos coincidiremos en que pronunciamientos como el anterior son reveladores de la existencia de un pensamiento antisocial, pues a partir del dogma que consideran verdad indiscutible, pretenden imponernos a todos una forma de hacer, de pensar y de ser ¡Por nuestro bien, por supuesto!
No parece que los cambios que el llamado Papa empieza a introducir en el organigrama de gobierno, alumbren un relajo en el trato y en el respeto eclesial hacia la soberanía del Estado Español, hacia los que aquí vivimos, y hacia la ciudadanía del mundo en general. Más bien resulta, a tenor de alguna manifestación y del perfil de los nuevos colaboradores, que nos esperan tiempos en los que habrá mucho veneno y mucha agitación desde los medios de comunicación "independientes". Entrecomillo la expresión "independiente" porque todo el mundo entenderá que por el uso que se le ha dado a esta fórmula, tan manoseada como esa otra que dice "apolítico", se deja entrever precisamente todo lo contrario de lo que pretende enunciar: un compromiso con lo rancio, lo trasnochado y lo intransigente. Así, cuando alguien me dice "yo soy independiente" o "yo soy apolítico", me acabo echando a temblar, porque suele suceder que la independencia brilla por su ausencia y del apoliticismo ni hablo.
En fin, retomando el hilo del asunto que nos ocupaba, resulta que Ángelo Sodano, algo así como un Vicepresidente del Gobierno, acaba de ser sustituído por Tarsicio Bartone, nombre que tendremos que retener en la memoria en adelante, y que acompañó al actual Papa en el desempeño de su cometido al frente de la moderna Inquisición, la Congregación para la Doctrina de la Fe. Se afianza, lógicamente, la línea más intransigente dentro de la Iglesia Católica -¿Alguna vez ha existido una línea transigente?-.
Bartone que le pide a Dios que le permita ser fiel y acompañar al Papa en esta prometedora fase de nueva evangelización. No sé qué fase será esa ni a qué nueva evangelización se refiere, pero parece que desde la dirección de Iglesia Católica se mira hacia Europa, ese embrión de una Europa Unida, cada vez más alejada de su dios, y que sin embargo, siempre según su versión, hunde sus más profundas raíces en el Cristianismo.
Nada más falso ni más manoseado que este concepto de la Europa originariamente cristiana. Porque más bien puede entenderse que la Europa actual, la que intenta aproximar a los pueblos que la integran, nace de la aversión hacia el conflicto religioso, que provocó millones de muertos y sangrías inacabables propiciadas para mantener el poder terrenal de sectas religiosas como la Católica. Y nace también del rechazo hacia el conflicto nacionalista, que desde sus dogmas, a veces también combinados con la intransigencia religiosa, ayudaron a despellejar a este viejo continente una y otra vez.
Cierro estos comentarios con el último capítulo de las hazañas eclesiales de la semana: la Conferencia Episcopal, que se ha reunido durante dos días, no ha sido capaz de vislumbrar si la unidad de España es un bien moral ¿Cómo van a poder hablar los obispos de la España indivisible, unidad de destino universal que decía aquel fanático que fundó el fascismo en nuestra casa, si no han sido capaces de mantener ellos mismos una postura única sobre este tema? Y, por cierto ¿quién les ha dado vela en este entierro? ¿Han observado los lectores que el portavoz de los Obispos, jesuíta al que ya nos hemos referido la semana pasada, ha sacado a pasear alguna cita en latín de un "santo" para justificar el interés de su confesión por la vida política española? ¿Qué dicen estos señores cuando se les somente a la sana crítica?: "Nos persiguen; nos agreden; es el nuevo martirio; nos espera el paraíso; sed como los primitivos cristianos, que a ellos les pasó lo mismo que os está sucediendo a vosotros; estad dispuestos a entregar hasta vuestra vida a estas hordas aticlericales y desalmadas... "

Como todas las dictaduras, siempre han tenido dos varas de medir; siempre han tenido dos palabras. Nada nuevo bajo el sol.

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