sábado, mayo 20

La laica Turquía

Mustafá Kemal Ataturk, la Rosa de Oro, rubio y de ojos azules, que diría mi médica favorita, puso fin a la época de los Sultanes y creó la actual República de Turquia. Falleció en 1938. Dejó como legado una República formalmente laica, y el sufragio femenino, reconocido por primera vez en la historia de la humanidad en el país que dirigió con mano de hierro. Curiosidades de un país que tiene demasiadas sombras; que está lejos de la Europa democrática y del bienestar, y a la vez tan cerca.
Ha sucedido algo estos días que ha hecho resucitar el recuerdo por este personaje histórico, uno de cuyos principales objetivos políticos consistió en mantener una separación estricta y tajante entre religión y Estado. Así, con ese principio fundamental, nació la República de Turquía.
Con el correr de los tiempos un partido islamista ha llegado al Gobierno turco tras una consulta electoral. De ese Gobierno los europeos hemos retenido una cara, la de Recep Tayyip Erdogan, el Presidente que se ha encargado de poner en marcha una serie de reformas legislativas de cara a enfocar una segunda modernización turca que, con el principio y horizonte del respeto a los derechos humanos, permita a Turquía entrar en la Unión Europea.
Erdogan había dejado en un segundo plano aquella parte de su agenda política estrechamente ligada a las creencias religiosas. Sin embargo tal actitud no se ha mantenido en el tiempo y el Presidente Erdogan se ha enfrascado en una batalla política para acabar con uno de los pilares laicos del sistema administrativo turco: Derogar la prohibición que impide a las mujeres que trabajan en al Administración Pública llevar el velo islámico. No le ha salido bien.
El Consejo de Estado de Turquía ha guardado, vigilante, el carácter laico de la República, y no ha flexibilizado ninguno de los criterios que hasta la fecha han permitido mantener la separación entre lo público y lo religioso. Para colmo de males para Erdogan, un abogado islamista radical -¡menuda mezcla explosiva!- asesinó la semana pasada a uno de los miembros del Consejo de Estado. En el funeral, los representantes del Gobierno de Erdogán fueron abucheados como no se recuerda. Hasta el Ministro de Justicia recibió un puntapié, imagen gráfica del rechazo de una gran parte de la sociedad turca que se ha manifestado ante el mausoleo en el que yace Ataturk reivindicando el carácter laico del Estado.
Curiosa esta reacción que tan pocas veces se da y que nos permite ver a los occidentales de a pie que en el mundo islámico no todo son turbantes explosivos. Quizá haya que dar una oportunidad, tener un poco de paciencia, con un país de cuya población, una gran parte, tiene una idea clara sobre lo que es el laicismo. No todas las sociedades occidentales pueden decir lo mismo. Esperemos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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