sábado, mayo 6

¡La Conferencia Episcopal quiere más!

Sí, parece que quieren más. A los señores de negro que transportan supuestamente el mensaje del amor y de la misericordia no les alcanzan los dineros y necesitan un respiro en su presupuesto. Aunque más que un respiro, parece que lo que les hace falta es una hiperventilación. Los señores de negro, que se han covertido en una siniestra prolongación política, no tienen plata bastante. Proponen que todos los españolitos de a pie, como en su día hizo la difunta Lola Flores, pongamos unos céntimos de nada para poder seguir manipulando, modelando conciencias, a su gusto en los colegios que explotan; en las emisoras de radio que controlan; en los periódicos que dominan. Necesitan dinero abundante para que el poder que han ejercido obscenamente no caduque y decaiga. Necesitan del vil metal, ellos que tanto lo desprecian a no ser que sea para vestir a la última como el que llaman Santo padre, para atender a sus múltiples quehaceres, entre los que se encuentra anatemizar a quien no piense como ellos y juzgar las vidas ajenas sin la mayor consideración. Está claro que Cristo llevaba bolsa.
Me inquieta lo que hará el Gobierno de la Nación. Porque no creo que exista mejor escuela diplomática que la fundada en los modos y maneras eclesiásticas. Me inquieta lo que haga el Gobierno en este proceso de negociación que se acaba de abrir, porque las cifras que en este momento se manejan resultan escandalosas: 130 millones de euros deberán ser recaudados por los servicios tributarios en las declaraciones de la Renta de este año. Ese dinero no alcanza, según los señores de negro, para cubrir las necesidades eclesiásticas, por lo que piden que el Gobierno de la Nación les dé 12 millones de euros más.
La Iglesia es una máquina de hacer dinero; lo fabrica, lo cuida, lo mima... Y lo multiplica: Cuando el sistema recaudatorio vigente, el que se gestiona a través de la declaración del IRPF, se reveló monetariamente insuficiente porque los ciudadanos no eran tan católicos como se decía, comenzaron a aparecer Organizaciones No Gubernamentales que se beneficiaban de esa crucecita por cuya virtud el 0,5% de lo recaudado se destina a fines sociales. Ni que decir tiene que estas ONG habían sido creadas (inspiradas, dicen ellos) por el "pensamiento católico". Otras ONG que ya existían desde los años cincuenta, INTERMON OXFAM, por ejemplo, comenzaron a publicitarse masivamente. Lo del dinero de las misiones invertido en el pufo de Gescartera es una mera anécdota al lado de esta obra maestra que supone el invento o la potenciación de la "ONG recaudadora". Da igual que Ud. sea católico o ateo: marque lo que marque en su declaración, "ellos" siempre se llevan una tajada.
Ahora proponen que el porcentaje que antes citaba se eleve al 0,8%. Casi nada. Muchas veces he hablado de este tema. Y tengo muy claro que el proceso de relaciones con la Iglesia Católica pasa por lograr que las confesiones se financien por sí mismas, pues no es lógico que con el dinero de todos se soporten asuntos tan particulares e íntimos como las estructuras levantadas en torno a las creencias religiosas de los ciudadanos que las tengan. Es decir, la Iglesia debería poder pagarse sus propios gastos. Y si no consigue recursos suficientes para mantener todo el aparato montado, deberá hacer como cualquier hijo de vecino: Apretar el cinturón y emprender una retirada a tiempo que evite una quiebra. Creo que lo llaman reestructuración.
Una concepción laica de la sociedad implica, entre otras cosas, que las religiones se sustenten a partir del esfuerzo de sus acólitos. España es lo que es, tiene la historia que tiene, y la Iglesia ejerce el papel y el peso que ejerce, tres aspectos que no podemos olvidar para entender que la evolución del laicismo en torno a las instituciones democráticas, así como la impregnación de éstas más allá del sustantivo "laico", debe ser lenta.
No sé si habrá llegado el momento en que se comience a poner coto a este desenfreno presupuestario, a este elevado nivel de privilegios fiscales y de todo tipo. Ya va siendo hora de que alguien se tiente la ropa, o la sotana, o la cartera. El paso laicista que algunos propugnamos ha de ser lento, sí, pero inexorable. Y esta es una nueva oportunidad que no se debiera desaprovechar: ¿Tendrán reflejos esta vez los que abren la boca, la llenan de aire y defienden lo público, lo laico y lo intolerable de la situación? O guardarán una vez más silencio y luego se darán golpes de pecho por lo blando que ha sido el Gobierno y lo mal que lo ha hecho? A ver qué pasa. A ver si tanto el Gobierno como los de la boca grande andan finos y no vuelve a pasarnos como con la Ley Orgánica de Educación.